Estos últimos días el Aneto ha vuelto a la actualidad como consecuencia de la desaparición de la cruz que corona su cumbre, una hecho lamentable para todos los que han alcanzado su cima alguna vez, puesto que la cruz, que lleva desde 1951 acompañando a todo el que alcanza la cumbre, se ha convertido en un símbolo y una referencia completamente vinculada al techo de los Pirineos.

Personalmente espero que la cruz del Aneto aparezca pronto, para que pueda ser arreglada y vuelva a lucir orgullosa en su puesto, acompañando a todo montañero que pisa la cumbre. Mientras tanto, como un pequeño homenaje, he decidido subir al blog estas fotos de un fin de semana de julio de 1999 en el que un grupo de amigos decidimos subir al Aneto para pasar la noche en su cumbre, una experiencia inolvidable con un atardecer espectacular. Aquí os dejo algunas fotos de ese día, que aunque han sido escaneadas de las de papel, muestran la espectacular belleza de la cumbre del Aneto y, como no, de la preciosa Cruz que corona su cumbre, todo un símbolo para los que hemos subido en alguna ocasión.

Cumbre del Aneto desde el Portillón Superior

El Aneto, con sus 3.404 metros, se situa en el Macizo de la Maladeta, plenamente ubicado en el Pirineo aragonés, y constituye la cumbre más alta de los Pirineos. La ascensión al Aneto es una ruta exigente para cualquier montañero, un sueño cuando uno empieza en esto del montañismo, por su gran significado alpino.

Ascensión al Aneto

La subida parte de los prados y bosques verdes del fondo del valle del ría Ésera. Serpenteando por la ladera se llega al refugio de La Renclusa, donde comienza una subida más directa entre bloques y morrenas de granito para alcanzar pronto la nieve, si se asciende en verano.

Girando al Este y tras cruzar el Portillón superior la ruta normal entra en el glaciar del Aneto, una joya viviente de la geología. El glaciar del Aneto, el mayor de los Pirineos se encuentra en pleno retroceso, como todos los de los Pirineos y posiblemente nuestra generación lo verá desaparecer, como ya se comentaba en 1995, cuante tuve ocasión de subir a la cumbre por primera vez. Caminar sobre el glaciar es hacerlo sobre la memoria del hielo, sobre un testigo silencioso del paso del tiempo y desgraciadamente del calentamiento que sufre el planeta desde la Pequeña Edad del Hielo, que finalizó aproximadamente en 1870 y que ha dejado sus huellas en muchas de las morrenas frontales de los glaciares del Pirineo, que podemos observar en numerosas ubicaciones, como ocurre asimismo en glaciar del Aneto. El glaciar es un paso obligado en la ruta y una llamada de atención a la fragilidad del medio ambiente.

Glaciar del Aneto

Curiosamente, las aguas del glaciar del Aneto son la mayor fuente del agua del río Garona, que circula por el Valle de Arán y cruzando a Francia desemboca en el oceano Atlántico cerca de Burdeos. Desde un punto de vista geográfico esto parece impensable, puesto que toda la vertiente sur del Macizo de la Madaleta y, por tanto, del Aneto, paracerían caer hacia el valle del río Ésera, que desciende hacia el Sur y vierte sus aguas al Cinca y posteriormente al Ebro. Pero sus aguas se concentran en un espectacular sumidero, conocido como Forau de Aigualluts, que subterráneamente se conecta con el valle de Arán, brotando a unos 3.6 kilómetros de distancia, en Artiga de Lin, en los conocidos como Ojos del Judio, y así se produce este fenónemo geológico sorprendente y se hace la magia: unas aguas que deberían ir al Mediterráneo acaban en el Atlántico. Maravillas de la geología.

Paso de Mohoma desde la cumbre del Aneto

Abandonando el glaciar y ya cerca de la cumbre se llega al momento más esperado de la ascensión, el famoso Paso de Mahoma, un estrecha arista de rocas muy aérea y expuesta, a modo de puente suspendido sobre el vacío a ambos lados, donde cada paso debe darse con concentración y seguridad. Su nombre hace referencia a la leyenda de que solo los justos pueden cruzarlo sin caer. Ciertamente, el nombre del paso se lo puso Albert de Franqueville, tras la primera ascensión a la cumbre realizada en 1842, en referencia a la leyenda musulmana que dice que la entrada al paraíso es tan estrecha como el filo de una espada que sólo los justos pueden atravesar. Un último reto antes de llegar a la cumbre.

Cumbre del Aneto

Una noche en la cumbre

Al alcanzar la cima, el Aneto se muestra sobrio y silencioso. Arriba se alzan la cruz metálica y una columna con la Virgen del Pilar, símbolos cargados de significado para los montañeros. La cumbre, si se disfruta en cierta soledad, lleva el recuerdo del viento frío, del silencio y de las magníficas vistas de los Pirineos.. y más aún si se puede pasar una noche en la cima, aunque sea a costa de aguantar un poco de frío. Aquí os dejo estas fotos. Espero que os gusten!!

Atardecer desde la cumbre del Aneto
Atardecer desde la cumbre del Aneto
Glaciar del Aneto
Cumbre del Aneto
Ascensión al Aneto
Amanecer desde la cumbre del Aneto
Cumbre del Aneto
Buscando un hueco para la Tienda
Anochecer desde la cumbre del Aneto
La sombra del Aneto y nuestra tienda de campaña. Cuidado con los resvalones…
Paso de Mohoma desde la cumbre del Aneto
Saliendo del paso de Mahoma
Atardecer en la cumbre del Aneto
Cumbre del Aneto
Cruz del Aneto al atardecer
Amanecer desde la cumbre del Aneto
Vista del amanecer desde la Tienda
Atardecer desde la cumbre del Aneto
Cruz del Aneto al atardecer
Atardecer desde la cumbre del Aneto
Anochecer, con la cumbre de La Maladeta en primer plano
Cruz del Aneto al atardecer

El Aneto, la cima más deseada

Estuve en Pirineos por primera vez en el año 1992, haciendo pequeños recorridos por la montaña, en la época que íbamos con chuvasquero de plástico, pantalones del mercadillo, botas de cuero que untábamos con grasa de caballo y bolsas de plástico bajo los calcetines. En una excursión desde el Valle de Arán tuve ocasión de contemplar por primera vez el macizo de La Madaleta en toda su magestuosidad, con los espectaculares glaciares de la cara norte destacando del conjunto de unas montañas sencillamente soberbias. Un par de días después subimos al refugio de La Renclusa y quedé maravillado de aquellos montañeros que bajaban de las cumbres con aquellos picos y unos pinchos para las botas tan extraños, unos auténticos heroes para mi en aquel momento. La cumbre del Aneto parecía un objetivo inalcanzable.

Cumbre del Aneto desde el Portillón Superior

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