Estambul, la antigua Bizancio y Constantinopla, es una ciudad sin igual. Situada a caballo entre Europa y Asia, con el estrecho del Bósforo entre medias (aunque fue fundada en la parte Europea), es un lugar donde las culturas, religiones y formas de vida se entrelazan. Su historia milenaria, con Imperios y civilizaciones de Oriente y Occidente, se puede percibir en la indiosincrasia de una ciudad sin paragón, donde las cúpulas de las mezquitas se entremezclan con un bullicio incesante durante todo el día.
Una ciudad entre dos mundos
Caminar por Estambul es sumergirse en un universo de contrastes. Lo antiguo y lo moderno conviven con naturalidad, como así lo hacen la cultura musulmana y la cristina. Las llamadas a la oración resuenan entre sus barrios mientras los ferris cruzan incesantes el Bósforo para comunicar los dos lados de la ciudad, que no dejan de ser mundos muy diferentes aún hoy en día. Estambul es una ciudad que respira historia y que invita a perderse en sus calles para descubrir a sus gentes y su alma característica.

Un viaje por la historia
Fundada por los griegos como Bizancio en el siglo VII a.C., fue rebautizada como Constantinopla por el emperador romano Constantino I en el año 330 d.C., convirtiéndose en la capital del Imperio Romano de Oriente. Durante más de mil años, fue el corazón del Imperio Bizantino, hasta que en 1453 cayó en manos del Imperio Otomano.
Bajo el dominio de los otomanos, Estambul (Istanbul) se transformó en un centro cultural, religioso y comercial de primer orden, con un marcado caracter musulman que impregna actualmente toda la ciudad. La ciudad, con su ubicación tan estratégica, se convirtió en un símbolo de poder en todo el Mediterráneo y Oriente Medio. En 1923, con la fundación de la Turquía moderna por Atatürk, perdió su estatus de capital de Turquía, pero no relevancia como referencia y alma histórica y cultural del país.

Lugares que dejan huella
Estambul está lleno de lugares únicos a nivel mundial, pero sin duda su edificio más destacado y símbolo universal es la Basílica de Santa Sofía, la iglesia más sobresaliente y representativa de la ciudad. Santa Sofía, que ha sido basílica cristiana, iglesia ortodoxa, mezquita musulmana y museo, se ha convertido de nuevo en gran Mezquita de Estambul en el año 2020, aunque no sin falta de polémica. Frente a ella se alza la majestuosa Mezquita Azul, con sus seis minaretes y su interior cubierto de azulejos. Juanto a ellas, el Palacio de Topkapi revela los secretos del Imperio Otomano, con sus jardines, salas de tesoros y vistas al Bósforo y al mar de Mármara.

Otro lugar destacado de la ciudad es el Gran Bazar, uno de los mercados cubiertos más grandes y antiguos del mundo, donde se venden alfombras, especias, joyas y artesanías, aunque con la modernidad ha perdido parte de su encanto. Por su parte, otros barrios de la ciudad nos ofrecen una experiencia más contemporánea, el barrio de Karaköy y el de Balat nos ofrecen una Turquía más moderna y occidental, con cafés más europeos y una vibrante vida cultural.

Llegar a Estambul por tierra
Viajar a Estambul en tren desde Europa es una experiencia que evoca los días dorados de uno de los trenes más famosos de la historia, el Orient Express. Aunque hoy el trayecto es más moderno, sigue siendo una forma romántica y pausada de llegar a esta ciudad legendaria. Las fotos de este reportaje pertenecen a un viaje a Estambul en verano de 2025, en el que tuvimos la oportunidad de llegar en tren desde Sofia, una experiencia inolvidable.








































































































Estambul 20 años después
Estuve en Estambul hace algo más de 20 años, en Semana Santa de 2005, y ciertamente he notado algunos cambios respecto al viaje realizado en 2025, algunos de los cuales no me han dejado indiferente. Lo voy a explicar.
Estambul es claramente una ciudad más moderna desde un punto de vista arquitectónico y de sus infraestructuras, con edificios más modernos, multitud de rascacielos, unas conexiones impecables por metro y ferrocarril entre el lado europeo y el asiático, impensables hace años, nuevos puentes, complejos ferroviarios y qué vamos a decir del mastodóntico Aeropuerto (uno de los más grandes del mundo) ubicado a las afueras de la ciudad, tan a las afueras que si se descuidan lo construyen en Bulgaria…

La renta per cápita de Turquía se ha duplicado en los últimos 20 años (en 2005 la renta de un ciudadano turco era menos de la cuarta parte de la de un español y en 2025 se ha reducido a la mitad) y eso se nota, con una ciudad que ha mejorado en casi todos su aspectos… bueno, tal vez no en todos…

Mientras Estambul y Turquía intentan competir en turismo con los mejores, la ciudad nuestra un cierto retroceso en algunas cuestiones y se percibe claramente respecto a 20 años atrás. Las libertades y la sociedad turca parecen hoy más atrasadas que hace unos años. En 2005 Turquía había solicitado entrar en la Unión Europea y se podía percibir en la ciudad una sociedad algo más moderna dentro de los márgenes de un país musulmán; una sociedad más abierta a la cultura occidental y ciertamente más avanzada que en el resto de Turquía.

¿Un paso atrás?
20 años después se observa una sociedad tradicional con un marcado caracter religioso. ¿Ha sido un retroceso? Personalmente entiendo que sí… Mientras que hace unos años muchas mujeres iban vestídas como en cualquier ciudad europea, actualmente es habitual ver por todas partes el vestir tradicional musulman, con el pelo tapado con hiyab o con fórmulas más rigurosas: chador e incluso algún burka, a semejanza de otros paises islámicos a priori menos tolerantes. Esta vestimenta le hace a uno reflexionar sobre cómo ha evolucionado el entorno familiar de las mujeres y cómo impacta la religión en el desarrollo de derechos en la sociedad turca.

Esta circunstancia se hace patente de primera mano en la visita a la Basílica de Santa Sofía, el gran templo de la ciudad, símbolo de la mezcla cultural que representa Estambul. Pocas construcciones reflejan mejor la historia de Estambul que Santa Sofía. Su evolución resume, en gran medida, la compleja relación entre religión, política e identidad que ha marcado la ciudad durante siglos.

Y efectivamente, mientras que hace 20 años Santa Sofía era un museo laico, abierto y gratuito a todos los visitantes, hoy en día (desde agosto de 2020) se ha convertido en Mezquita. Un lugar de culto donde los no musulmanes tienen zonas completamente vetadas, por lo que han pasado a una categoría inferior. Actualmente no se puede contemplar la magestuosidad del templo desde la planta baja, que en su momento recuerdo que me impresionó. Esta situación, con el impulso de una sociedad tradicional y religiosa que ha fomentado el presidente Erdogan, simboliza como ningún otro el paso atrás del país respecto a la Turquia moderna y democrática que fundó Atatürk en el siglo pasado. Una pena.

No obstante, aunque la identidad religiosa ha ganado visibilidad y peso en el espacio público, Estambul puede seguir presumiendo de ser aún en día esa ciudad encuentro entre Orientre y a Occidente, con una extraordinaria diversidad humana y cultural, que la convierten en una de las metrópolis más fascinantes y complejas del mundo.





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